“La estructura de la presenea obra es lineal y sencilla. Me refiero en primer lugar al tema de los verdaderos orígenes de la masonería -que la leyenda rosada procura omitir en la medida en que roza cuestiones tan esenciales e incómodas como la del contenido ocultista y esotérico de su cosmovisión-, paso a continuación a su desarrollo en el siglo XVIII y su vinculación con cuestiones en apariencia tan dispares como el ocultismo, la revolución o la creación de un nuevo panorama cultural y político, y, continuando esa línea de análisis global, llego hasta nuestros días. Estamos viviendo aún los episodios a los que me refiero en el último capítulo y, por tanto, no puede mas que señalarse algunos de sus elementos a la espera de que la perspectiva histórica y la documentación sean más amplias que en la actualidad”, César Vidal dixit respecto al planteamiento de su libro.
Así pues, tras exponer las diversas teorías sobre los orígenes de la masonería, prehistóricos, egipcios, templarios, maestros albañiles, etc., se constatan los primeros documentos aparecidos a finales de la Edad Media, como el Regius Manuscript de 1390, y la primera iniciación masónica de la que se tiene noticia, a saber, la de John Boswell en la logia de Edimburgo, Escocia. Está fechada el 8 de junio de 1600, originalmente esta logia era operativa o gremial, es decir, no tenía carácter ni secreto ni iniciático. En 1686, la masonería tenía ya suficiente importancia y el 14 de junio de 1717, solsticio de verano y día de San Juan, las cuatro logias londinenses se reunieron en la Goose and Gridiron Tavern, y crearon la Gran Logia de Inglaterra, eligiendo al caballero Anthony Sayer como primer Gran Maestro.
Extendida la masonería por Europa fue perseguida por unos, Luis XV de Francia y el papa Clemente XII, y seguida por otros, como el príncipe Federico II de Prusia, llamado El Grande, genio militar, prolífico escritor, virtuoso flautista y hábil político; también perteneció a la masonería Luis Felipe de Orleans o Wolfgang Amadeus Mozart, que fue iniciado en 1784. Personajes novelescos, de leyenda, también se agruparon en diferentes logias: el conde de Cagliostro, alias del siciliano Giuseppe Bálsamo, Casanova… El mismísimo Napoleón llegó a controlar la masonería en Francia; cuatro de sus hermanos eran masones, aunque no está claro que él lo fuera. La masonería llegó a España de su mano.
Los invasores franceses fundaron la primera logia en San Sebastián y a ésta le siguieron otras en Vitoria, Zaragoza, Barcelona, Gerona, Talavera de la Reina, Santander, Salamanca, Sevilla y Madrid. En la capital se instaló la Gran Logia Nacional de España, establecida en octubre de 1809 en los locales de la Inquisición. La masonería y la Segunda República española y, posteriormente la guerra civil, merecen especial atención en este libro y de esa época se aportan una serie de documentos de interés.”
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